Siempre encontramos en toda historia un lado positivo y hasta esperanzador de su final. Quizá no en un futuro inmediato pero sí para nuestra posteridad; sino cual sería el sentido de nuestra existencia.
Cuando comenzamos esta historia, habíamos expresado el futuro incierto de la zona conocida como El Abasto; habíamos nombrado los proyectos que se ciernen en torno a él; expresado las ideas y deseos de sus pobladores y no pudimos sacar una conclusión adecuada sobre su final.
Pero, adecuándonos a la realidad que se vive hoy en día y a lo observado cotidianamente, podemos preveer una evolución similar a la que otorga la “selección natural” con respecto a la evolución de las especies (refiriéndonos -claro está- al aspecto socio-cultural).
Expresamos en un primer momento, la preocupación por el deterioro arquitectónico, cultural y económico que podría sufrir la zona como consecuencia del mega-proyecto (megalómano por cierto) a ejecutarse.
Pero a pesar de esta idea y al contrario de lo que parece, se observa un constante enriquecimiento para el área: nuevos pubs para la recreción como “Rubia Tarada”, restobares como “El Abasto”, cafés literarios, debates culturales sobre cine y teatro como “Patio Lorca”; y podríamos citar una larga lista más.
Planteadas así las cosas, vemos que no todo está tan mal en la Aldea. Sus habitantes todavía creen y apuestan a un mayor progreso tanto social, cultural y económico.
Lástima que su clase dirigente (Cacique y subalternos) no sepa escuchar a su pueblo; y no tan solo escucharlos con los oídos, sino con las actitudes que le expresan día a día con su accionar.
Nuestra sociedad demostró a lo largo de los siglos su constante evolución y desarrollo; y si bien hoy en día pareciera que esto se detuvo, sólo hay una consigna que no debemos olvidar como no lo hicieron los grandes ancestros: la distancia que nuestras flechas pueden llegar y no aspirar a más.

El Abasto
Santiago Frías – Octubre de 2009.